sábado, 31 de agosto de 2024

Las víctimas del olvido

 

Las Víctimas del olvido.-

Cuatro años han transcurrido desde que comenzó el genocidio iniciado en marzo del año 2020.

De forma insistente y machacona nos desinformaban a diario los medios de comunicación acerca de la situación en España, y éstos mismos medios nos mostraban una falsa realidad y unas medidas que supuestamente adoptaban otros países para combatir la pandemia.

La táctica más eficaz desde que el hombre es hombre, la más efectiva históricamente para someter al hombre, la mejor para enfrentarnos entre nosotros mismos, no es otra que la dictadura  del miedo.

No es contenido de estas reflexiones hablar sobre los protocolos basados en decisiones políticas, el cierre de centros de atención primaria a la ciudadanía, el hacinamiento en salas de urgencias de los hospitales, de la expedición de certificados de defunción donde se atribuía el fallecimiento de muchas personas a la señalada enfermedad.

No hablaremos de los protocolos de las residencias, en virtud de los cuales se les administraba a muchos ancianos medicamentos para dormir con la finalidad de combatir simples resfriados, no hablaremos de los protocolos aplicados a los centros de salud donde se podrían haber atendido enfermedades crónicas pulmonares con unas simples mascarillas de oxígeno, no hablaremos de la intubación de las personas que entraban con un simple resfriado en las salas de urgencias de los hospitales, y un lardo etcétera de medidas genocidas contra el pueblo, no, ese no es el objeto de este artículo.

Me rompía el alma escuchar frases en voz bajita, durante situación de dictadura sanitaria, tales como “no me dejaron despedirme de mi padre” “entró con un pequeño resfriado y salió muerto” “a mi hijo se lo llevaron y él estaba sano”…..

Y es que intubar directamente a gente con enfermedades pulmonares crónicas, prescribir en las residencias a ancianos con enfermedades pulmonares o simples resfriados medicamentos para dormir simplemente fueron en mi opinión asesinatos premeditados.

Y ahora escucho con indignación que nunca estuvimos obligados a vacunarnos, a pesar de que esa no es la realidad que todos conocemos. Persecución laboral, personal, mediática, en fin, muerte civil de muchas personas que de forma inhumana escuchaban las presiones e insultos de los ciudadanos convertidos en comisarios políticos al estilo de las guerras.

Todos sabemos que las medidas impuestas desde arriba llovían como dogmas sobre la conciencia y la moral vacía de muchos ciudadanos. De forma sencilla, se establecía una moral social donde el convertirse en una persona buena y socialmente aceptada consistía en obedecer de forma ciega las recomendaciones de las autoridades, carentes de un fundamento filosófico, moral, jurídico y como no, sanitario.

Parece ser que tres años después hay todavía mucha gente qué todavía no se ha enterado de absolutamente de nada y le siguen el juego a los medios de comunicación creyendo a pies puntillas todo sobre lo que nos desinforman  a diario.

Ahora es cuando llega la segunda parte: las consecuencias de la imposición por parte de las farmacéuticas y de sus brazos ejecutores, los Estados, de las vacunas que siempre estuvieron en fase de pruebas.

En esta segunda parte de la película escucho, en los últimos tiempos, de forma insistente las siguientes palabras: Ictus, infartos, turbo cánceres, trombos……¿no os suenan de verdad?

Con voz pequeña se oía hace un par de años por parte de los familiares de las víctimas, que la causa no era otra que la espiritual pócima, sin embargo, ahora, con la proliferación de cánceres ocasionados de forma repentina en personas de 20, 30, 40 y 50 años, ictus o trombos causados a las 24 horas del pinchazo….muchas personas han optado por no cortarse y decir en voz muy alta y sin rodeos:

“ Ha sido la vacuna.”

Con una población diezmada, enfermiza, deprimida y desencantada creo que los colaboracionistas empiezan a preguntarse los porqués, quizás un poco tarde, y cómo no, de forma silenciosa ya que si lo entonaran en voz alta, irían contra sus propios actos y reencontrarse con un examen de conciencia sería demasiado duro para ellos.

Los fallecidos de la primera fase han sido olvidados de forma capciosa, se ha impuesto una ley del silencio que han conseguido acallar las conciencias de la gente que ha sido en todo momento colaboracionista del desastre y los que han protestado no les han escuchado.

Parece que ahora a pesar de los pesares, cambian las tornas, los colaboracionistas comienzan a ser las víctimas de la idolatría hacia el gobierno, del culto a los medios de comunicación y a los dogmas que éstos últimos vomitaban a través de los canales de difusión de forma machacona e insistente.

Hace poco escuché de un viudo de una víctima de la vacuna, las siguientes frases y que creo que son las que yo creo que ahora pululan por una multitud de personas que se vacunaron y colaboraron activamente y que nos deberían hacer pensar a todos, y que no son otras que las siguientes: “me he quedado con cara de tonto” “nos obligaron” “fue la vacuna” “nos engañaron”

Y después de esto, sobre lo que divago y reflexiono muchas veces de forma desordenada ahora me pregunto cuál será la siguiente fase de las reflexiones? ¿serán capaces, los que habiéndose investido de unos dogmas impuestos por el estado y los medios de comunicación han sido víctimas de su propia arrogancia? ¿reaccionarán, entonarán el mea culpa?

Pregunto en voz alta…..¿Qué será lo siguiente?

 

Las víctimas del olvido

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