domingo, 28 de abril de 2024

EL ENFERMO QUE NO SABÍA QUE ESTABA ENFERMO

 

Después de las medidas políticas impuestas por nuestro Gobierno con la excusa de frenar la pandemia de Covid, creo, que ha sido notorio, que la aplicación de las mismas ha producido un aumento excesivo de las enfermedades mentales en la población.

A mi modo de ver, creo que estas medidas que se vendían como la “nueva normalidad” han causado el llamado factor desencadenante que en las personas que nunca fueron del todo mentalmente sanas (aunque pareciera lo contrario), ha producido el nacimiento de las ya mencionadas enfermedades.

Es “vox populi” el aumento de suicidios entre la población joven, la ansiedad, tristeza y nerviosismo entre el resto de la población, sin contar el miedo al que estuvieron sometidos la población mayor de sesenta y cinco años durante más de dos años de forma totalmente malintencionada.

Y aunque éste no sea el tema principal del que quiero hablar y el cual he tocado de soslayo, realmente de lo que quiero hablar y quizás psicólogos, psiquiatras y profesionales del sector sanitario podrían darme un monumental repaso sobre la incorrección de mis reflexiones, es sobre algunos enfermos mentales.

Hace años leí "Los Renglones torcidos de Dios" donde la protagonista que había intentado matar a su marido (al igual que en Alguien voló sobre el nido del cuco el protagonista era también un delincuente, habiendo violado a una joven) encuentra en el psiquiátrico un paraíso donde ejercer su función vital. Qué mejor que un enfermo para poder entender a otros que estaban más enfermos que ella, de hecho, hasta casi convence al psiquiatra de que nunca estuvo enferma. La triste realidad no era otra la de que había intentado asesinar a su marido por una infidelidad de éste, sin embargo, ella no recordaba ese hecho. La inteligencia le había apartado de tener que vivir con esa carga y ni siquiera acordarse de la infidelidad de su esposo.

Y es que esta percepción que pueda tener este enfermo sobre el estado psíquico de los demás hace que pueda entenderlos e incluso ayudar a la persona que tiene frente a él, toda vez que puede darse la posibilidad de forma consciente o inconsciente de pensarse que actúa como la persona madura que calma y reeduca al joven toda vez que el mismo  pasó por esa situación en un pasado.

Y es por eso, que el enfermo muchas veces antes de verse así mismo prefiere ayudar al prójimo, porque ahí radica su enfermedad, y por ello de vez en cuando, explote bajo una excusa que su misma mente calibra como un peligro o un aviso produce la pérdida de control de forma consciente o inconsciente. 

A pesar de que el enfermo mental pueda conocer y sentir de las reacciones y sensaciones de los demás no es capaz de auto gestionarse sus propias emociones, a pesar de que fugazmente puede intuirlas viendo en otros lo que él no sabe verse en sí mismo, y por ende el paralelismo, salvando las distancias, en la forma de reaccionar. Por esta última razón necesita ayuda pues no sabe controlar las emociones ante hechos, a veces reales y de otros que realmente no son tan reales tal y como el enfermo los procesa.

No olvidemos que el Quijote veía gigantes donde había molinos y en otros pasajes veía las situaciones con una claridad meridiana y es quizás que en los demás se produjera una contrariedad sobre la posible cordura del enfermo en cuestión.

Como consecuencia de lo anterior se podrían confundir los ataques de sinceridad de los “locos” donde ponen los puntos sobre la íes, (que confunden sobre su raciocinio) y que pueden estar basados en un sentimiento de impotencia ante la injusticia, frente a los llamados ataques verdaderos de locura, que pueden venir por ese factor desencadenante que cruza los cables a los enfermos; consecuencia de tanto los primeros como  los segundos el enfermo no sabría gestionar por las emociones producidas en los dos casos.

Y bueno creo que ya he divagado bastante por hoy.

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